Unas palabras
En 1900, Freud identificó un mecanismo central del sueño que llamó Verschiebung (desplazamiento). Cuando la atención intenta fijarse en un elemento, éste muta, se sustituye, migra hacia otro. El sueño no carece de estructura; su estructura es constitutivamente inestable.
La pintura de Jesús Galiana opera bajo esa lógica, pero su origen no es teórico. Desde que en 2009 le fue diagnosticado Parkinson, su relación con la pintura se ha reconfigurado por completo.
Lo que él llama estructuras fugaces nombra con precisión lo que sucede en estos cuadros: configuraciones que se constituyen y se disuelven en el mismo gesto que las produce. Construye capas, elimina figuras, superpone decisiones hasta que una imagen se impone — no como resolución, sino como coincidencia momentánea entre lo que el pintor busca y lo que el cuadro acepta. Cada capa es simultáneamente construcción y cancelación de la anterior, como en el desplazamiento onírico donde cada elemento sustituye al precedente sin llegar a estabilizarse.
Lo que queda en el lienzo no es una imagen fija. Es el instante exacto en que una estructura deja de huir — o en que el cuadro consigue escapar del pintor.