Fauna

Yara Sonseca
La obra de Luis Vassallo está llena de formas reconocibles que se repiten ligeramente transformadas en cada cuadro: las hay tubulares, rayadas en listones concéntricos, redondeadas y rellenas de redondeles, helicoidales, escultóricas, humanoides, marcianas, arborescentes. Las formas son «organismos con voluntad y pasión por afirmarse a sí mismas», decía Rothko, y estas en concreto han nacido de una maceta, engendradas por la fértil Fauna.

Son la fauna que habita los espacios históricos y metafísicos reconstruidos a través de sombras luminosas, contundentes y brillantemente coloreadas. Espacios nacidos de una práctica que dialoga con la historia del arte y pone a hablar a Tarsila do Amaral con Ezra Pound, a De Chirico con Parrasio. A Vassallo le gusta citar, le interesa el lugar donde el pasado y el presente se interceptan. El enfrentamiento entre dibujo y color, abstracción y figuración o la búsqueda de conceptos opuestos en la mecánica interior de cada obra no es aquí lo esencial. Se trata más bien de propiciar un caos fértil nacido del encuentro entre la erudición y la intuición.

Benjamin hablaba de las citas como «salteadores de caminos que irrumpen armados para arrebatar la convicción que alberga el ocioso paseante». Seguir a la fauna de Vassallo por los jardines de la historia es exponerse a que a uno lo asalten. Y, ¿qué mejor forma de ver pintura que bajo la amenaza del desconcierto? Yara Sonseca

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